Pompeya (Pompei): La ciudad redescubierta

28.04.2016 20:01

Hace tiempo que llevo intentando escribir sobre Pompeya, yo ya conocía su existencia, pero fue a partir de una exposición en Madrid de Pompeya,a la que me invitó mi hermana, que mi curiosidad en aumento me llevó a tener que verla en persona. Llegamos por la noche a la Pompeya nueva, veníamos de visitar la costa de Sorrento y la península Amalfitana, también muy recomendables. Sin reserva y a principios de marzo, nos dieron una pequeña y cómoda habitación en un hotelito apenas a unos cientos de metros de la Pompeya redescubierta. Así que tuve el placer de dormir y derpertarme en Pompeya y disfrutar desde la mañana de la ciudad que se mantuvo escondida durante dieciséis siglos. 

Hoy me doy cuenta que Pompeya fue como una especie de Atlántida durante muchos siglos, se tenían obras de arte e indicios de su existencia y se sabía que las entrañas de la tierra ocultaban un capítulo de la historia, pero no fue hasta mediados del s.XVIII cuando fueron redescubiertas por un español, casualmente. Bien es cierto que antes se había descubierto la ubicación de Ercolano, por un agricultor que hallíó en sus tierras los restos del antiguo teatro. Las ruinas de Pompeya, no están tan ruinas como nos imaginamos, algunas de las casas que caminando por sus empedradas calles puedes ver, podría haber apostado a que habían sido construídas en los últimos 20 años, pero como podéis suponer, hubiera perdido la apuesta. Esas casas, al igual que toda inigualable ciudad romana, fueron construídas entre el siglo I a.c. y el primer siglo de nuestra era.

Los romanos allí establecidos entre el Vesubio y la costa napolitana, en la región de Campania, vivían en una ciudad en plena ebullición y su vida no era tan diferente a la nuestra, los adultos tenían sus empleos y sus negocios y los niños iban a la escuela. Era una ciudad muy popular por su producción de vinos, por lo que muchos de sus habitantes vivían y trabajaban en la agricultura y en las viñas que dominaban los alrededores. 

Recorriendo sus calles me puedo imaginar lo que podría ser esa ciudad en hora punta, o un domingo por la mañana, una ciudad en toda regla, con casi todas las características de lo que un habitante del S.XXI puede tener en la mente sobre lo que es una urbe. Hay casas (grandes y pequeñas, lujosas y no tan lujosas), hoteles, bares (muchos muchos bares) con sus barras e incluso con imaginación puedes ver el salón de alguno de ellos y donde podrían estar colocadas las mesas y sillas para comer y beber en comunidad. Tiene templos, plazas, calles (avenidas, residenciales, peatonales...), arcos, su propio coliseo (anfiteatro) y lo más llamativo, en mi opinión, los lupanales (compitiendo con los bares en número). Tenían una imagen muy diferente respecto al sexo a la que tenemos hoy, se vivía con mas naturalidad, eran abiertos de mente y el símbolo fálico tenía significados muy diversos, entre ellos el de dar buena suerte. Muchas de las casas tenían este simbolo en sus umbrales.

Teniendo esta imagen en la cabeza, de esos romanos, que parecían vivir bien, en una ciudad coqueta, cuesta pensar en cómo debió de ser ese momento en el año 79 d.c. en el que del cielo empezó a llover ceniza y cómo la tierra avisó con pequeños movimientos de que algo no muy normal se avecinaba. Era un día caluroso y estival, el 24 de agosto, exactamente la una del mediodía. A partir de esa hora, el Vesuvio comenzó a expulsar cenizas, vapores y gases, y fue a partir de la 19,30h de esa tarde cuando comenzaron violentos terremotos que dicen duraron toda la noche. Todo debió de ser rápido, demasiado rápido, se sabe que mucha gente pudo huir hacia el mar, hacia la costa napolitana y pudieron sobrevivir a la mayor fuerza destructiva natural que hubieran podido conocer. Es difícil empatizar con las gentes de entonces, que no tenían televisión ni medios para saber qué estaba realmente sucediendo y si huir era o no la solución. Muchos de ellos se quedaron allí, y paradas las 6 de la mañana, la lluvia de cenizas les cubrió como cubrió a la ciudad entera, el instante del momento quedó congelado y toda su historia fue borrada. Murieron más de 2000 personas, pero este número es sólo una estimación, de lo encontrado hasta la fecha. No fue la única ciudad sepultuada, existían, como hemos dicho, otros asentamientos como Ercolano, no muy lejos de Pompeya, que tuvo la misma fatal "suerte" y Oplonti (hoy Torre Annunziata) localidad a pie de mar que fue totalmente destruida por la erupción.

Lo que sucedió en Pompeya es un hecho histórico y aterrador que ójala nunca hubiera sucedido, pero a día de hoy ver todo aquello es un privilegio, yo por lo menos así me sentía, es adentrarte en los recovecos de una ciudad que ha permanecido en algunas de sus estructuras sorprendentemente bien conservada, es una ciudad grande, recorrí desde la apertura hasta el cierre la ciudad y acabé con dolor de piernas de intentar ver todo. Y cuando me fui, me dio una terrible pena de pensar que la aventura ya se había acabado... Realmente es una experiencia para vivirla, y si podéis adentraros en las calles "residenciales", allí encontré casas que parecen haber sido construídas ayer, y un horno de pan, que según leí si no recuerdo mal, el horno anterior había sido quemado y habían construído uno nuevo, parece ser que éste no pudo ser ni "estrenado" y así se ha conservado en la ceniza, esperando hornear su primer pan desde hace casi 2000 años. 

Los habitantes de Pompeya ya habían tenido un susto años antes, en el año 62 d.c. se registró un terremoto en la zona y ambas ciudades sufrieron severos daños, pero parece ser que sólo fue un aviso de la catástrofe que se avecinaba. A pesar de que se dice que los habitantes estaban advertidos del peligro de esta región, ellos vivían felices y la ciudad se desarrollaba como toda Città Romana.

El Vesubio imponente duerme, porque sólo duerme, a día de hoy se puede subir al Vesubio y desde arriba ver todo el valle, todo lo que él amenaza y reside bajo sus pies, pero aún durmiendo, un humo tímido en su interior nos desvela que aunque su sueño es profundo, nos mira con el rabillo del ojo.

¿Empezamos el recorrido? 

Aunque no te lo creas, allá por el siglo I ya existían los graffitis, en las calles podemos encontrar algunos de ellos, quizá fueran slogan publicitarios, quizá declaraciones de amor, pero me da a mí que seguramente, muchos de ellos fueran propagandas políticas... ;)

Esta es una de las casa que me dejó realmente sorprendida, ¿quién diría que no es una casa actual? ¿quién podría decir que fue construída hace 2000 años? Parece una casa rural castellana, con los típicos muros de piedra que mantienen el calor interior en invierno y en verano son fresquitas.

Los interiores de la casas residenciales, aunque supongo que parcialmente reconstruídos, dejan ver los diferentes habitáculos de los que se componía la vivienda. Podría tener un cartel que pusiera: "Para entrar a vivir"

      

En estas fotos vemos dos de las puertas de entrada a la ciudad, pues Pompeya estaba rodeada por una soberbia muralla con siete puertas de acceso. Algo que me gusta de estas fotos es el empedrado, si esos caminos pudieran contarnos todo lo que por ellos ha pasado...

Puerta de Ercolano, de aquí salía el camino dirección a la otra ciudad.

Por la Vía de los Sepulcros, encontramos nichos y arquitecturas sepulcrales, digamos que el cementerio de la ciudad estaba en plena calle, que aunque no esté en lo que es el centro de la urbe, tampoco estaba fuera de la misma, su manera de entender la muerte era muy diferente a como la entendemos ahora.

Ejemplo de arquitectura sepulcral, al atardecer.

En algunas de las viviendas visitables, nos encontramos con majestuosas columnatas, realmente las Domus Pompeianas de los habitantes mas acaudalados, debían ser construcciones impresionantes, coloridas y lujosas como hemos podido ver sólamente en películas. Algunas incluso ocupaban una manzana entera, como la Casa del Fauno, famosa por su fuente presidida por un pequeño Fauno de bronce, el original se conserva en el Museo de Nápoles, pero en la casa podemos ver hoy una réplica.

Paseando por sus calles, no puedes perder detalle, en primer plano un pequeño horno, de fondo, una típica fuente romana, solían estar ubicadas en los amplios jardines de las domus. Debia ser una auténtica delicia para los sentidos recorrer esos bellos jardines donde el arte, el agua y la naturaleza convivían armónicamente. 

En algún que otro rincón de Pompeya todavía podemos encontrar guijarros de lo que pudieron ser vasijas o enseres domésticos o de las bodegas. He de aclarar, que casi todos los elementos u objetos reencontrados, además de esculturas, obras de arte pictórico, mosaicos, murales y ornamentación arquitectónica, están preservados en el Museo de Nápoles, pues aunque sería un placer para la vista que permanecieran en su lugar de origen, las inclemencias atmosféricas de estar en la intemperie pondrían en peligro su perdurabilidad. Aún hoy se siguen encontrando restos, y el Museo de Nápoles gracias a la cantidad de esculturas de bronce halladas en las excavaciones, posee una de las mas grandes colecciones de bronce de todo el mundo.

En paredes exteriores de viviendas mientras paseas por sus calles empedradas nos podremos encontrar con dibujos pintados en algunos murales, son frescos que aunque están protegidos, se observa que el deterioro es evidente. En este caso vemos en uno de ellos, una serpiente, la serpiente Pitón se representaba como emblema y protectora del hogar.

        

El compluvium palabra proveniente del latín, era una apertura realizada en el techo del vestíbulo de la antigua vivienda, para conducir el agua de lluvia recibida hasta el impluvium del suelo. También servía para ventilar la domus y permitir la entrada de la luz solar a los hogares.

En la entrada de las casas tened cuidado, pues nos podemos encontrar con estos perros en mosaico, CAVE CANEM, "cuidado con el perro".

Taverna di Vetutius Placidus: aquí podemos ver una típica cantina, eran sitios sociales, los bares de hoy en día, donde se reunían a charlar los ciudadanos. En lo que parece una barra vemos unos orificios, que son las bocas de unas grandes anforas ocultas, yo creí que en las ánforas se guardaría bebida, pero parece ser que guardaban principalmente caldos y comidas. 

En esta tavernae vemos un fresco de un altar doméstico romano, se pintaba para proteger los hogares o negocios, están representadas dos serpiertes bajo los Lares, o dioses domésticos.

¿Queréis saber un curioso dato? En Pompeya había 118 tabernas y unos diez mil habitantes, lo que lleva a deducir que había una cantina por cada 85 habitantes.

Y como colofón para el mas curioso, según "pintadas" en las calles se dice que las camareras de algunas tabernas no sólo saciaban los apetitos alimentarios y la sed de sus clientes, en fin, anécdotas o quizá falsos rumores que en toda ciudad se hicieron voz populi.

El mercado o macellum de Pompeya, era la principal lonja comercial de alimentos. Los comerciantes ponían sus puestos, los carros con sus toldos y vendían su mercancía, en el centro del patio sólo se conservan los pilares de lo que debió ser una bonita estructura circular con techo, soportada por 12 columnas. 

El mercado estaba en la esquina noreste del foro y tenía 3 entradas de acceso.

Otro lugar muy importante de la ciudad eran las termas romanas, que no sólo servían para relajarse, purificarse o como baños públicos, si no que eran verdaderos centros sociales. las termas tenían entradas diferenciadas para hombres y mujeres, e instalaciones igualmente separadas para ambos sexos. Además solían tener tres espacios según la temperatura del agua, sala de aguas calientes (calidarium), templadas (tepidarium) o frías (frigidarium). 

Detalle de uno de los Atlantes de terracota que decoran el tepidarium.

Detalle de la pata de un banco en el interior de las termas, me llamó la atención pues son muchos los detalles ornamentales que se encuentran en cada rincón de esta ciudad.

En esta foto se puede ver una de las calles principales, tenían aceras como hoy en día, y aunque no salga en esta foto, es curioso ver como había una especie de pasos de cebra elevados, eran rocas consecutivas distanciadas entre ellas que cruzaban de un lado a otro de la calle (para los que vimos humor amarillo, digamos que eran como las "zamburguesas").

Aquí tenemos el horno de una panadería, es digno de ver, pues es como si no hubiera pasado el tiempo y fuera a ser usado mañana mismo. Al parecer en cada barrio había una panadería similar.

Lo mas duro de Pompeya, lo que te deja un sabor amargo y taciturno son las muy conocidas figuras humanas, aquellos pompeianos que quedaron sepultados manteniendo la postura del instante letal. Se han encontrado unas dos mil. 

El Templo de Apolo está ubicado en el Foro de Pompeya, Apolo era el dios que gobernaba la armonía, el equilibrio y el transcurrir del tiempo.

El foro era el centro comercial de la ciudad, era el foco de la vida religiosa, política y social. En él no sólo estaba situado el templo de Apolo, también estaba el de Júpiter. Y debido a la afluencia de gente, caballos, carros y carromatos, toda la zona central de la urbe y el foro se hizo inteligentemente peatonal. Según cuentan los atascos no son cosa de hoy, los venimos sufriendo desde tiempos inmemoriables...

El teatro romano era uno de los ejes de la ciudad, Pompeya tenía dos teatros, el teatro grande y otro más pequeño. El teatro grande podía albergar a hasta 5.000 espectadores distribuídos en tres tipos diferentes de "butacas", con diversos precios a elegir.

Las calles hoy en día están numeradas, pero esto es sólo el cartel asignado tras el redescubrimiento por los arqueólogos. ¿Cómo se llamarían en origen?

Aquí he seleccionado algunas de las esculturas encontradas en Pompeya, que se encuentran en el Museo de Nápoles, de obligada visita para completar la visión de la ciudad en su totalidad. El tema del sexo es recurrente.

En el museo hay una reproducción de la entrada a una casa romana pompeiana, como vemos al lado de la puerta se encuentra el altar protector del que ya hemos hablado, esta vez como escultura en relieve y no en fresco.

Un viaje en definitiva recomendable, me despido echándome una cabezada en el Vesubio, por  si acaso me quedaré con un ojo abierto, pues la naturaleza ha demostrado a lo largo de los siglos, que puede ser muy tracionera. 

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